domingo, 8 de agosto de 2010

EL COMIENZO II




No muchas personas saben que existe de verdad ese dia cero en el que decides que vas a cambiar tu vida o por lo menos reformarla. Yo lo tuve, un día viendo un anuncio en el periódico pensé que había llegado el momento de intentar cumplir el sueño de toda mi vida. En la universidad comenzaba, y por iniciativa de un profesor y un compañero de vocación, un nuevo curso, "La Escuela de escritores", ese curso se convirtió en cinco más, que con la sucesión de los años pasó a llamarse después “Escuela de Creación Literaria" y ahora, es nuestro querido “CLUB DE LETRAS”.


Hemos creado una preciosa revista literaria llamada “Spéculum”, preciosa no por su formato, que sí es bonito, sino por su contenido. En ella escribimos nuestros relatos, artículos, poemas, ensayos, y cualquier texto de cualquier estilo literario todos aquellos que desde un principio apostamos por éste grupo de escritores (la mayoría inéditos), sin categoría social e intelectual definida. Entre nosotros existen, catedráticos, licenciados, amas de casa, profesores-as, lo único que tenemos en común es nuestro amor por la lectura, la escritura y en resumen, LA VIDA, reunidos desde un primer momento por el afán y el entusiasmo de un hombre que ha sabido inculcarnos que: “La vida empieza hoy, tenemos toda la vida por delante, y lo mejor de la vida nos queda por vivir” y que se llama Jose Antonio Hernández Guerrero.

Aquí y desde entonces he aprendido a canalizar esa imaginación, desbordada, que en un principio se plasmaba a lo tonto y a lo loco en papeles en blanco. Ahora ya no me importa que me lean, me gusta, porque escribo no para mi (como antes), sino para aquellos que en la lectura tienen una vía de escape hacia la imaginación, leen  la revista, algún artículo de algún periódico, o para los que algún día puedan llegar a leer mis libros, donde siempre habré dejado un trozo de mi vida.


  • “Yo no busco un gran número de lectores, si no un cierto número de relectores”. Juan Goytisolo
  •  "La tarea del escritor es una aventura solitaria y con lleva todos los titubeos, incertidumbres y sorpresas propios de cualquier aventura emprendida con entusiasmo".
    Carmen Martín Gaite, escritora española. 
  • “El placer de escribir es el mismo de leer, sublimado por unas gotas más de intimidad”. Stendhal
  • “Escribir es como mostrar una huella digital del alma”. Mario Bellatin
  • “No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo”. Oscar Wilde. 
  • “Pueden impedirte ser un autor publicado, pero nadie puede impedirte ser un escritor, o incluso ser mejor escritor cada día. Todo lo que tienes que hacer para ser un escritor es escribir!”. Khaterine Neville 
  • Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y corrompido, escribe cosas dignas de leerse o haz cosas dignas de escribirse. Benjamín Franklin 
  • “En nuestras correrías por los senderos de la palabra todos hemos tenido que atravesar los amplios desiertos del silencio. Pero no podemos olvidar que las semillas de las palabras fructifican cuando caen en la tierra del silencio y se cubren con la vegetación de la reflexión”. Jose Antonio Hernández Guerrero en su libro “El arte de no envejecer o el aprendizaje de la ancianidad”.

          Carmen F.C.

EL COMIENZO



De niña presumía de poseer una gran imaginación. Eso me ayudaba a la hora de las redacciones en el cole, o durante los juegos infantiles, pero en casa, casi desde que empecé a escribir correctamente, canalizaba esa imaginación y me inventaba cuentos. Aún conservo algunos. No podía imaginar entonces que esa imaginación y esos cuentos, iban a suponer el comienzo de un gran sueño, y que 40 años después se vería cumplido.

A medida que iban pasando los años lo que escribía cambiaba de forma y estilo, pero lo que nunca cambiaba era que llegar a ser algún día una gran escritora, seguía siendo un sueño, y con el pasar de esos años más irrealizable.


No creía que nunca, nadie, repararía en mis relatos o en mis cuentos, tampoco los consideraba dignos de leer por alguien más que no fuera yo, pero seguía escribiendo.


El amor pasó por mi vida como por la de tantas personas, eso me dió una nueva fuente de inspiración, buena mezcla: la adolescencia, el amor y la poesía. Diarios llenos de pasión, inconformismo, amistad, todo un cúmulo de sensaciones y sentimientos que me ayudaban a completar páginas en blanco de un pequeño libro, con una pequeña cerradura y una minúscula llave. Los diarios dieron paso a cuadernos donde quería ir dejando constancia de mi  aún corta vida. Luego me hice adulta y esos cuadernos empezaron a hacerse un poco grandes para mi, ya no podía escribir todo lo que me ocurría, todo lo que sentía, si alguien lo leía podía sentirse herido o incluso sentirme yo misma avergonzada. Me casé y tuve hijos, renové mis ganas de escribir, ahora podía contar mi experiencia como madre, investigaba con mi primer hijo, contaba cómo mi corazón se revolvía de angustia al oirlo llorar, o cómo saltaba de regocijo al escuchar su risa. 


Comencé a escribirle cuentos, al principio eran todos dedicados a ella, luego tuve que compartirlos con su hermana, fueron unos años variadamente literarios.


Pasaron bastantes años en los que apenas escribía, tuve que dejar mi sueño de escritora para dedicarme a mi pasión como madre y esposa, exactamente diecisiete, hasta que por ley de vida, mis hijas abandonaron el nido y comenzarón a formar el suyo propio. Entonces y teniendo como detonante un suceso trágico en mi vida, y aunque parezca una paradoja, fue cuando mi sueño comenzó a cumplirse.





Carmen F.S.